MUJERES 2
LA DETERMINACIÓN DE KIARA
En una sala de estar amplia, con un gran piano, repleta de mármol, portarretratos con su marido e hijos, y objetos traídos de viajes exóticos realizados hacia tierras lejanas. Una mujer de cincuenta anos de edad teclea lentamente una melodía… intentaba recordarla del todo… el pasado, el presente, los cambios que trae el tiempo, sumados a todos sus anhelos…
Finalmente, como trastabillando, llegó hasta el fina de la melodía. Entonces, con una genuina sonrisa en los labios, susurró: “Strangers in the night”. Cierra los ojos y se ve sumergida en un mar de emociones que colapsan y la van arrastrando inconscientemente a la juventud.
- Brisa. Prisa. Silla. Misa. La vida me mueve a risa. ¡Lo qué tuve y que quedó atrás! ¡Y que ha de quedar atrás! Retrocedo un par y medio de décadas, y me siento víctima de una estafa, de un engaño. Y me confundo… Y mi mente se abre a diez mil fantasías, antes vedadas…Si el verdadero amor, la entrega, el deseo, la pura amistad, ver el brillo que lleva uno reflejado en los ojos del otro… ¿Sí todo eso se borra, para qué marcarlo a fuego? Hace cuatro años que me viene engañando con una jovencita –y yo haciendo la vista gorda ¡por comodidad! En última instancia, sus culpas actuadas eran música para mis oídos. Y entre tanto mármol, me vuelven a abrigar aquellos viejos recuerdos: la playa, las fiestas en las que nos emborrachábamos hasta perder la razón, la vida sin consciencia, sin responsabilidad, sin horarios…. ¡Todo aquello que viví y fue mío! Claro –da una carcajada, mientras se pasea alrededor de la mesa principal (también de mármol)-, mayor es el precio del estancamiento.
Vuelve a escuchar unos acordes de la melodía… deja caer su cuerpo cansado, sobre el piano, y golpeando con los dedos de ambas manos. Sollozando, se pone a rememorar en voz alta:
- En sueños idílicos de aquella inocencia absoluta, recordar, reflexionar y tomar conciencia. De pronto encontrar apenas ruinas de lo que ayer fue un palacio. ¡Y yo queriendo seguir creyendo, cómo sea, que sigue siendo un palacio! Y a mi Yo, no tengo tiempo para analizar el de él, no le gusta el displacer. ¡Cuánto tiempo estuve dormida! ¿Qué espera él para tomar una decisión natural, del tipo o mi mujer o mi amante? Ay, desgraciada de mí, que todo se me ha confundido… que ya no sé quién soy, que yo nunca antes fui lo que ahora voy descubriendo en mí y me desgarra el alma. ¿Qué espero yo para dar por terminada la historia que, por más importante que haya sido, ya cumplió su ciclo, y “bien cumplido”. Recuerdo aquellas noches frescas Villa Gessel, él posando para un dibujo que yo hacía, y hablábamos de cualquier cosa y nos reíamos de lo absurdo, y él me abraza y hacía planes futuros, ¡cómo si aquello pudiera ser eterno! ¡Cómo si realmente fuera posible que aquél amor podría atravesar los años! El tiempo. La distancia inevitable. ¿Con cuántas habrá salido anteriormente? Desde ya, nada tan serio como esta última: que no hace más que llevarlo a proferir contradicciones ridículas. Y yo, en un principio, me dejé cuidar -y con mucho miedo de que me cuidaran-; al tiempo, aquél amor se encontraba tan ajeno a la distancia que llegó para instalarse, tan sigilosamente…Me venció el miedo, te ganó el cansancio. Y vos saliste a conocer otras mieles… Y yo a navegar por nuevos espacios… Y, sí, conocí lugares maravillosos, que te hubieran encantado; conocí cantidad de gente, gracias a la pintura, a la literatura y a la calle, que te hubiera gustado mucho conocer más a fondo. Aunque no lo creas… si tan sólo abandonaras esa tela de prejuicios que te trajeron “los años” (con todos los que te quedan por delante, ¡por favor! Te confieso que siempre me molestó, por parecerme muy cursi y demasiado superficial, esa costumbre tuya, ¡que nadie te la va a quitar!, de tener la vida programada de antemano. Como consecuencia de eso, nada queda de aquella libertad que vivimos, ni una sonrisa, en el presente. Yo esperaba amarte… esperaba ofrendarte todo mi arte, ¡qué no es más que ofrecerte mi vida misma! Y me río de mí misma, que creí que todas me las sabía, ¡de estar viviendo esta absurda situación! Ya mismo salgo de esta casa. No es digna de mí. Los chicos ya viven solos, trabajan, no me necesitan. Me voy a vivir al taller por un tiempo, hasta que la Ley arregle este tema. ¿Dónde está mi cartera?¡Pobre! Al menos una nota se la merece, con toda la felicidad que me dio.
Busca un lápiz en la cartera, lo encuentra, saca un papel de una publicidad de un remate en Pilar, y en su dorso escribe unas breves líneas:
“Querido:
Me estoy yendo de casa. Motivos, a saber: actuaste, mentiste y yo callé; luego, desaparecí de tu vida con mi silencio. Y el silencio se hizo hábito, tus asuntos fueron subiendo de tono, hasta que llegamos a esta situación.
Hoy volví a tocar, después de tantos años, la melodía de “Strangers in the night”… Me vinieron a la memoria, los mejores momentos que pasamos juntos. Y, al mirar mi vida de hoy y no encontrar siquiera un bosquejo de lo que es un reflejo de lo que fue mi felicidad, y descubrir que tampoco se encuentra mi felicidad a tu lado hoy… que nos separa un abismo… que sólo me mantiene a tu lado la comodidad (me imagino que con vos pasará lo mismo)… y que nuestros chicos ya están grandes para andar teniendo traumas infantiles… Bueno, y es así que parto. Llevándome lo mejor que me diste.
En fin, no hay culpas. Hicimos lo que pudimos. Pudimos ser felices juntos; soñar despiertos juntos; bailar bajo la lluvia juntos; bañarnos en el mar a la noche juntos… Y es con eso que me quedo de esta experiencia. Como dice Fito Páez: “Fue amor”, y ¡a otra cosa!. Sin explicaciones, las detesto, son algo innecesario en nuestra falta de comunicación actual. En tres meses te llamo, a ver cómo andan las cosas. ¡Qué tengas suerte!
Y se abrigó con el tapado de piel, agarró su cartera, su boina y cerró la puerta sin golpear. Al llegar al taller, respiró fondo dentro del jardín de pintura: ¡eran nuevos aires!

