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MUJERES 1

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LA FUERZA DE TAMARA

Seis de la mañana. Salta de la cama. ¡Finalmente un nuevo día! Sabe que nada ha cambiado para ella. Pero se siente bien. Tamara tiene 24 años, es diseñadora de ropas –y, por ahora, aunque no tiene su propia tienda, ha logrado un gran éxito: tanto en las ferias americanas, como con mayoristas.

Además de ser una joven empresaria, ya es madre de un bebé de apenas un año. Y esa es su mayor responsabilidad… Toda su vida gira en torno al pequeño Gerónimo: su hora de despertar, su hora de salir a trabajar –para poder ofrecerle al niño todo lo que pueda darle-, su forma de comportarse –siempre, en cierto modo, anda apurada-, y el regreso a casa. Este último se trata de un sentimiento profundamente arraigado: cómo estará su hijo.

¿Marido? ¡Qué va! Con ése no se puede contar pa’ nada. La pucha que si ella lo intentó “arreglar” al tipo, aunque sea que asumiera alguna pequeña responsabilidad en su vida. Es decir, se conocían desde el final de la primaria, sus vidas habían corrido paralelamente, tenían incluso los mismos amigos… ¿por qué él seguía llevando una vida de adolescente, viviendo en la casa de sus padres, saliendo los fines de semana y viendo al hijo en sus tiempos libres (en algunos pocos de ellos…)?

Habían estado de novios doce años. Pero el final de la relación “amorosa”, fue algo tan sorprendente para ambos: el embarazo, el vemos lo qué hacemos, el yo voy a tener mi hijo (aunque sea sola –incluso su propia familia, en esas circunstancias, la andaban que medio empujando hacia un “aborto”), etc.

Los acontecimientos, entonces, la superaron –y lo superaron también a Martín, que “sin vientre” pudo salir mejor parado en aquellos momentos. De todos modos, Tamara no era una chica que se acobardara tan fácilmente. Es decir, aunque no contara con nadie a su alrededor para darle una mano, supo poner toda la carne al asador –“sin siquiera guardarse un chinchulín en el bolsillo”.

Y por un buen tiempo no podría llevar la vida que había llevado hasta entonces… Y tendría que ser más disciplinada en sus costumbres… Y tendría que terminar la facultad a tiempo… Y tendría que buscarse otro trabajo más, para poder pagar todos sus gastos… Y tendría que evitar los horarios nocturnos, porque la desestabilizaban por completo… Y, poco a poco, lo fue logrando… Y, poco a poco, se fue dando cuenta que no era tan difícil…

Cuando llegaba el fin de semana, lo tenía a Gero sólo para sí. Y lo llevaba a las plazas de San Telmo –barrio en el que residían… E iban a teatros infantiles, aunque él no entendiera nada, al menos se reían juntos de todo un mundo de fábulas inocentes…

Ella también tenía su grupo de amigas, y la iban a visitar a menudo. Aunque todas, o cualquier una de ellas, no dejaba de sorprenderse –por el cambio de rumbo radical en la vida de Tamara, así como por la alegría de verlo a Gerónimo crecer.

En cambio, a veces Tamara sentía que ya nada compartía con ellas. Sí… tenían un pasado en común… tenían amigos en común… Pero hubo una brecha. Por otra parte, nunca dejó de amarlas como si fueran hermanas.

“¿Seis de la mañana? Gero duerme… ¡Café con leche! Me voy a dar una ducha de agua hirviendo, antes que llegue la Boli…”. La “Boli” era la niñera, que llegaba a las siete y media. El tiempo sobraba.

Se bañó. Se produjo. Gero se despertó. Muchos mimos. Tiempo… La Boli que no llega… La Boli que no avisa… La Boli que no vino. ¡Qué lo parió!

Ese día se pasó la mañana haciendo “reparos” en ropa atrasada que tenía en casa. A la tarde, lo llamó al padre de su hijo, que aún estaba durmiendo por el alter office del día anterior (diría un conocido, un lugar inútil para él; dado que sólo estudiaba y a la mañana). En otras palabras, ni se molestó en levantarse de su fucking cama para atender las necesidades de su único hijo. Pero ella ya estaba acostumbrada, y la mayoría de las veces pensaba inocentemente que el único que se estaba arruinando la vida era él. Porque, con esos antecedentes… ¿qué le tocaría en el futuro? Pensó en llamar a su madre, pero su orgullo se lo impidió rotundamente. No es que Gerónimo tuviera una “mala” abuela, sino que quedaron muchas cosas “oscuras” en el camino sin aclarar –como suele suceder con diferencias irreconciliables del tipo “Yo no hubiera hecho eso…”, “Pues yo lo hice y no me arrepiento”. Tampoco quiso molestar a sus amigas, porque al fin y al cabo se trataba de su hijo. Solución: a la tarde lo paseó por todo Microcentro y, de noche, lo llevó junto a ella a la facultad.

Fue así que descubrió que tampoco una niñera era necesaria. Y la Boli al día siguiente fue expulsada, sin indemnización. A su vez, el pobre niño, a la noche se encontraba muy cansado, como para encima ir a cursar con la madre. Y ella tampoco le quiso complicar la existencia al niño. Aunque le faltaran apenas tres materias para recibirse, las podría dar en otro momento. Y, por más cansativo que se iba volviendo todo, puso toda su energía en ser una buena madre y progresar en lo suyo.

Se armó un puestito en Plaza Francia –y mientras trabajaba, disfrutaba de los días de sol en los fines de semana con Gero-; expandió su estilo de ropas a vender (algunas eran más refinadas, como para las mujeres mayores; otras más casuales y alternativas, para sus amigas; otras más hippies, para la feria; y combinaciones de todo un poco); y conoció mucha gente nueva –con la que hizo muchas excepciones, para protegerlo a Gero.

De hecho, Gerónimo fue creciendo dentro de un hogar “disfuncional”, pero muy fuerte. Con el correr de los años, casi perdió el contacto con su padre –era como un “conocido”. En cambio, con su madre, ya hecha y derecha, realizaron muchos viajes que fueron ampliando su mente y su sensibilidad.

Gracias a la vocación de su madre, hoy en día va a uno de los mejores colegios de la ciudad, tiene un excelente promedio y es un adolescente de guapo nomás’. Pero, ¿será de Dios? A pesar de tanto esfuerzo y garra de su madre, de tanta protección y meticulosidad en su presente/porvenir, de tanto amor, ¡tanto amor materno recibido! Sí… sí, señores… aunque no se lo crean el pibe le salió puto –pero muy feliz, ¡eh! Un marica refinado y lleno de honor. ¡No vayan a creer lo contrario!