PRO DIA NASCER FELIZ!
por Estefi Cook
Ayer me tendría que haber ido a Carmelo, Uruguay, y no fui. A última hora, surgió un acontecimiento inesperado, que me llevó a una serie de preguntas:
1) ¿por qué a mis veintinueve años siguen tirando de la soga y decidiendo por mí?
2) ¿por qué insisten en querer elegir por mí?
3) ¿por qué me programan la vida, como si yo fuera un robot hecho para seguir instrucciones?
4) ¿por qué no creen en mí misma, cuando estoy tratando de llevar mis responsabilidades como puedo? ¡Claro! Y el “cómo puedo” está sujeto a mi aprendizaje en esta vida, nomás…
Tan simple como eso: lo demás es asfixia.
Y me relajé. Y me quedé. Dispuesta a hacer las cosas bien, nadie me frena –y vise y versa.
Aunque ya empezamos mal: al estar despierta toda la noche –haciendo valijas, escribiendo, leyendo y etc…-, dormí todo el día. De modo que no atendí ningún llamado: y eso a mi familia le enferma. Aunque sepan que apenas estoy durmiendo, los pone de la nuca.
Cuando me desperté, luego de haber tomado un café con leche, salgo a pasearlo a mi perro. Y justo me encuentro con mi hermana en la puerta de casa, que me dice con voz de decepción -¿o hartazgo?:
-¿¡Lara?!
Se da vuelta y se va. Y salí a pasear a Elcan como correspondía.
Todo se resume en un fucking director que decidió ponerle como título a una de sus películas: “Mi pasado me condena”. Y lo cómico de la cuestión es que nadie lo anda repitiendo en singular, siempre hay un dedo acusador que cambia el “mi” por el “tu” introductorio… ¿Cómo llegué hasta acá? No tengo idea. Sólo sé que desperté.
A la noche, fui a una reunión. Pero me volví muy temprano, por el tema de la medicación –que hace largo tiempo me viene rompiendo las…
A todo eso, y para gran alegría mía, me viene a visitar Vi. Siempre es una alegría verla. Yo justo había terminado mi mesa de luz linyerística, a la cual le agregué un cuadro heredado de mi abuela, y se lo mostré. Estuvimos charlando un rato: su ida a Areco, anda “mal de amores” y otros asunticos más.
Y se hicieron como las diez y media de la noche (¿tan rápido?, sí, y la vida sigue pasando). Ella se estaba por ir de viaje, le había chupado muchas energías emocionales y deseaba irse a su casa, ver tele y dormir. Ok. En ese momento, es que tengo otra “surprise” –dentro de mi juego de “todo lo que suma, aporta”.
Y suena el celular. Y es un gran amigo mío que hace mucho que no veía ni hablaba. El acontecimiento era uno de sus casos paradigmáticos de que “está todo bien”, pero nada anda bien al fin. Porque él es una persona con características muy especiales, y yo, ¡psssss!, ¡qué hablar!
Sin embargo, me encontraba de excelente humor. No sé por qué, pero sentía que estaba todo bien, a pesar del percance del día. Ya le había mandado un e.mail a mi madre, en el que le comunicaba lo que pensaba hacer –y en el que yo reasumía el timón de mi barco. Por otro lado, había ido a una reunión, terminado de hacer una mesa de luz muy linda (¡y con nada!), estaba hablando con Vi –que ya se iba, por cierto-, y pensaba ponerme a trabajar una horita e irme a dormir como corresponde.
Y bueno… llamaba para ver cómo andaba… qué era de mi vida… qué andaba haciendo… Y, finalmente, para invitarme a comer –otro represor, de entre todos mis represores, anduvo corriendo la bola por ahí de que soy anoréxica… Le dije que iría, pero que ya había comido. Entonces me dijo que si no iba a comer, que ni fuera. Y yo, otra vez, sin soltar el timón y riéndome:
- Bueno… Cortémosla… Yo estoy en mi casa y muy contenta. ¿Querés que te pase a ver o no? Porque si te da lo mismo, me quedo en casa, que está todo bien.
- Bueno, veníte para acá.
Más allá de todo, y más allá de todos, me sentí bien de ponerme en mi lugar y no dejar que me avasallen.
Ya en su casa, pudimos hablar, limar asperezas y reafirmar el vínculo. También dentro de un “Sólo por hoy”; porque sé que pronto, algún día, volverán mis rabietas, volverá su ostracismo y etc… Pero nadie es perfecto. Y él no deja de se uno de mis grandes amigos. Porque si bien casi me duplica la edad, se porta como un chico a veces: y me hace matar de risa. Y esto sin enamoramiento alguno, de ninguna de las partes. Algo raro, pero real. Él es un quilombo –a su manera-, y yo soy otro –a la mía-, y los dos lo sabemos: no necesitamos probar nada.
Volví a casa temprano, tipo medianoche, y lo primero que hice fue sentarme frente al computador, para trabajar… ¿Para trabajar????? Y ahí me saltó el chip. No era hora para ponerme a trabajar. Y tampoco tenía pensado volver a salir… ¡A dormir y arreglar estos fucking horarios que no me permiten lograr una estabilidad en mi vida –aunque no sé si es bien lo que quiero!
De todos modos, al día siguiente, se despertó muy temprano, eran las seis de la mañana. Y, al terminar el texto -ocho y media-, Estefi fue a sacar la milanesa de soja del hornito eléctrico; después, cortó un tomate, al que le puso aceite, orégano y sal; y se dispuso a comer. Y sahumerios de Vainilla… Y Dime…
“A las nueve lo saco a Teo. A las diez finiquito el trabajo…’Pro día nascer feliz, e o mundo inteiro acordar y a gente dormir, dormir!”


